Reseña: Voz

Reseña: Voz

Autora: Christina Dalcher.
Traductora: Ana Herrera.
Editorial: Roca Editorial.
Nº de páginas:
350.
Idioma: Castellano.
Precio: 19’90€
Género: Distopía feminista.
ISBN: 978-84-173-0539-0.

 

Imagina un mundo en el que solo puedes pronunciar 100 palabras al día. Una palabra más y cientos de voltios de electricidad recorrerán tus venas. Pero solo si eres mujer.

Si alguien me hubiera dicho que podía cargarme al presidente, el Movimiento Puro y a ese desgraciado e incompetente de Morgan LeBron en una sola semana, no les habría creído. Pero la verdad es que no habría discutido mucho. No habría dicho nada.
Me he convertido en una mujer de pocas palabras.

Voz es una distopía feminista (que ya reseñamos en La nave invisible) ubicada en EEUU donde un partido ultracatólico ha subido al poder y una de las primeras medidas que toma es la de restringir la capacidad de hablar de las mujeres mediante brazaletes que a las cien palabras dichas emiten una descarga que aumenta progresivamente con cada descarga, pero no llega a ser letal. Este nuevo gobierno viene apoyado por un movimiento religioso y retrógrado llamado Movimiento Puro que vela porque la mujer se quede en casa calladita y sin quejarse. Las relaciones homosexuales son perseguidas y las personas encerradas en campos de reconversión donde son obligados a estar con personas del sexo opuesto.
La historia nos pone en la piel de Jean una doctora en neurolingüística que en sus años de juventud decía que las manifestaciones no serían de nada, que votar no importaba y que el feminismo ya no tenía nada que hacer. Ahora Jean sabe que estaba equivocada y que su amiga Jackie tenía razón: todo eso importaba. ¿Habría cambiado la situación si la población que no se alinea con agrupaciones filonazis votasen? Esa es la pregunta que la atormenta ahora que el contador de su muñeca le dice que sólo tiene cien palabras al día, que no puede hablar casi con sus hijos, su marido o con otras mujeres.
Poco antes de que todo estallase, Jean y su equipo de investigación había encontrado una cura para la afasia de Wernicke , pero nunca llegaron a hacerla pública. Este hecho pronto se convertirá en un eje central de la historia cuando el hermano del presidente sufre un accidente de esquí y termina padeciendo esta misma afasia. Debido a su labor en aquella investigación, Jean tiene la oportunidad de volver a trabajar en su investigación, pero… ¿hacerlo para el enemigo? ¿Es acaso ético? Por otro lado, puede ser la oportunidad que esperaba para cambiar su vida.

Voz cuenta su historia en varios tiempos, siendo los más importantes el presente y pasado cuando ella estaba en la Universidad. El primero por lo obvio, pero el segundo porque nos muestra un contraste entre Jackie, que va a manifestaciones y vota, y ella, que no lucha por sus derechos y sostiene que no hay razones para ello, que juzga a Jackie constantemente por ser reivindicativa.
En el presente, vemos a una Jean que se arrepiente de no haber protestado con Jackie, de haber acogido con complacencia lo que les ha venido. También a una mujer con el corazón dividido que se autoengaña pensando que su marido, Patrick, no es machista, pero al mismo tiempo ve que no hace nada por aliviar su dolor, sino que encima parece disfrutar de su silencio porque no puede replicarle. También trata de no odiar a su hijo, al que ve cómo poco a poco es adoctrinado por el Movimiento Puro y comete atrocidades «por un mundo en paz»

Voz es una novela que te atrapa con su ritmo ágil desprovisto de adornos, que te desgarra según vas a cayendo a ese pozo de dolor que las mujeres están sintiendo. Cuanto más desciendes, más oscuro se vuelve y más lejana parece la salida. Hacia la mitad del libro, ya llevas un buen cabreo, pero va a más. Llega a ser muy duro. Que lo haya leído a la vez que en mi querida Andalucía haya ascendido un partido como es Vox que replica lo que el Movimiento Puro predica en este libro, no ha ayudado. Voz nos grita desde el silencio que o respondemos ante el fascismo o nos comen.
Esta novela también refleja algo que es palpable y que tanto Vox como el Movimiento Puro saben: el enemigo a batir no es la izquierda, sino el feminismo. Porque al final son ellas las única que tienen claro que su enemigo está delante de y no entre ellas. Por eso en Voz lo primero que hacen es impedir que las mujeres se reúnan, hablen y se comuniquen (ni siquiera por signos), por eso las feministas son apartadas de la sociedad y llevadas a campos de concentración y no así los políticos de los partidos del espectro opuesto. Ven en ellas un peligro, una amenaza, no en la izquierda.

Como nota final, sí diré que Christina Dalcher cae en un cliché manido que ya aparecía en Las chicas del cable de Netflix: la feminista lesbiana. Y es que, en Voz, aparte de la Jean del presente que no contaría, las dos únicas mujeres abiertamente feministas que hay en toda la extensión de la novela son lesbianas. No sería un problema si a día de hoy no fuera una asociación indivisible en la ficción. No hay problema con ello si tienes más variedad de personajes, pero cuando tus dos únicas feministas (o tu única) son lesbianas, estás haciendo una asociación desafortunada, quieras o no.

Voz es una novela muy entretenida y dura que fácilmente podría haberse ganado mis cinco cuervos, pero su apresurado desenlace, que resuelve la trama en unas pocas páginas y en un bochornoso segundo plano, hace que su puntuación caiga en picado. Preparar un clímax y resolverlo de forma rápida, apresurada y sin mostrar nada, sino que sólo lo cuentas, es una de las peores maneras de cerrar una novela tan prometedora.

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