Otros: Mi primer año en La Nave Invisible

Otros: Mi primer año en La Nave Invisible

En La nave invisible ya publicamos una entrada a nivel general sobre este primer año navegando. Pero hoy quiero hablaros de cómo ha sido para mí a nivel personal. No voy a hablar de cómo surgió la idea ni el proyecto porque en fin, lo tenéis todo escrito por la capitana en esta entrada, pero sí os voy a comentar algo. Ya son varias veces que alguien se sorprende porque haya sólo un hombre. Los comentarios y preguntas van desde lo machista del corte de “eh eh todas para ti” pasando por la clásica “¿qué te hizo querer participar?” como si fuera una rareza que piense que las escritoras merecen el reconocimiento que no tienen. Esta clase de cosas siempre vienen de parte de Señores™ (o casi siempre) y a uno ya le cansa.

Yo quise participar porque desde mi silla cualquier cosa que pueda hacer para aportar mi granito de arena a la lucha por la visibilidad y la igualdad de representación de las escritoras es poco. Ojalá pudiera hacer mucho más. Es que me parece algo muy obvio que no debería necesitar responder.

En otro orden de cosas, al principio estuve a punto de echarme atrás porque bueno, mis problemas para relacionarme con la gente no ayudaban. La idea de interactuar con tantas personas que no conocía (salvo porque seguía a la mayoría en Twitter y poco más) hizo que comenzara a pensar en que no iba a dar la talla con mis aportaciones, porque ¿qué es la autoestima? Yo fui una de las primeras personas en publicar en el blog (cuando ya estaba público) con esta entrada. Hacer eso y ver que se compartía y gustaba, me relajó mucho más y me convencí de que igual sí aportaba.

Ir conociendo a todas las tripulantes ha sido toda una experiencia. Han pasado de ser completas desconocidas (o casi), a ser una parte de mi vida que no podría quitar.

Al margen de mi relación con ellas, ver el recibimiento que estamos teniendo a través de las redes sociales, las colaboraciones y las proposiciones de lectura me da la vida. Cuando empezamos no pensaba que tendríamos esta acogida, pero aquí estamos y es para quedarnos.

A un nivel incluso más personal me ha pasado algo curioso. Como hombre he visto varias colaboraciones en las que quedaba “excluido” por serlo. Alguno de estos ejemplos es el Pugcast 1×09 de Todasgamers donde se pedía expresamente que fueran mujeres quienes participaran. Lo mismo ocurrió con el jurado del Premio Ripley I.

Verme “excluido” fue raro, así como que siempre se refirieran a nosotras en femenino, a pesar de que yo lo hago. Como hombre estoy acostumbrado a poder estar en todas partes y a ser “incluido” en los plurales a pesar de ser una minoría en ellos. Durante mi FP sanitario había mayoría de mujeres en las aulas (25 de 32 personas), pero la profesora siempre nos hablaba en plural masculino e incluso cuando se le escapaba un “vosotras”, se corregía al momento.

No lo voy a negar, al principio me afectó haciéndome sentir menos parte del conjunto del equipo. Es normal, nunca había sentido eso. Me hizo pensar mucho, salvando las enormes distancias, en cómo debe ser que por norma general se te prohíba estar en espacios en los que quieres estar o hacerte sentir incómoda por querer hacerlo. Al mismo tiempo que sentir tu trabajo invisibilizado con un plural que no te incluye cuando haces el mismo trabajo que el resto del equipo. Porque no es ningún secreto que el “nosotros” no incluye a mujeres del mismo modo que el “nosotras” no lo hace con hombres, e incluso se ve como algo a evitar porque fragilidad masculina.

Yo hablo de “nosotras” cuando hablo de La nave invisible a familiares y amigas. Siempre lo hago en femenino y me siento incluido como uno más de la tripulación.

Este proyecto fue mi mejor decisión de 2016 y ver lo que hemos conseguido y lo que nos queda por conseguir me hace encarar con muchísimas ganas cada entrada. A día de hoy no podría concebir mi vida sin ese espacio seguro que hemos creado, ya no sólo de puertas a quienes nos leen, sino para nosotras mismas. Nunca había estado en un proyecto en el que me sintiera tan cómodo. Además, La nave invisible ha despertado una vocación en mí que no estaba seguro de tener y que quiero aprovechar en el futuro, pero esa es una historia para otro día.

Esta ha sido mi experiencia en este primer año, pero estoy seguro que será mucho mejor en 2017-2018.

 

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